La muerte del blog

Hernán Casciari promulgó la muerte de los blog en 2008. Por ende, acá no diré nada nuevo. Simplemente repetiré algo que ya se sabía pero que al decirlo en 2020 parece que nos estuviéramos inventando la rueda. Los blog están muertos. Re muertos. Secos y podridos. ¿Por qué cosa han sido cambiados? Es lo más sorprendente: por los libros físicos. Gutenberg debe estar que salta en una pata. Venció “al futuro” a “la tecnología de punta” a “la versión 3.0 de las lecturas”. Esta última referencia seguro no la entendería del todo pero igual celebraría. La supervivencia de la pasta de papel y el cosido o pegado de hojas blancas o amarillas ha vencido a la sacrosanta tecnocracia que inició por allá en ese lejano 1999. Todavía me acuerdo cuando abrí este espacio en Blogger, porque si eras hípster (yo por más que lo intenté mi gordura jamás me dejó ser hípster) tenías que abrir tu blog en Blogger. Y aunque llegué tarde (en 2007, ad portas de su muerte proclamada por el gordo Casciari), me uní a la fiesta de la virtualidad, de la Red, de esa posibilidad nunca antes imaginada de que me leyeran en otros lados del mundo. Para ser sincero, eso ya había pasado en una comunidad de escritores virtual pero esa es otra historia.

Y cuando abrí mi blog descubrí algo que me persigue hoy en día: no sabía qué escribir. Muchos, como el gordo Casciari (le llamo gordo porque soy un obeso resentido) la tenían clara y tenían ya desarrollada la vena de la creatividad y la imaginación. Y nada más fue crear un personaje que cautivó tanto que el gordo tuvo que abandonar a su personaje para convertirse él en el personaje principal de su blog Orsai. Muchos, realmente muchos escribieron y fueron leídos y comentados y admirados e incluso lograron pasar sus escritos virtuales al sacrosanto papel y hasta ganaron premios (porque los premios se los dan al papel, no a los bits). Y eso fue toda una revelación y todos se rasgaban las vestiduras y decían que el mundo virtual había ganado la batalla… No entendieron nada.

Como llegué al final del hype, pues recibí lo mío: pocas lecturas, nulos comentarios, indiferencia. Llegar tarde a un medio que existe por impacto es recibir migajas o incluso tanques de mierda. De todas maneras, y como soy anacrónico, mantuve mi blog hasta quizás mediados de 2015 cuando quise ser hípster maduro (cosa que no logré porque sigo siendo obeso) y me pasé a la plataforma WordPress. Este cambio me trajo como beneficios una plantilla mucho más amplia, limpia y generosa, y por el otro lado, la nula lectura de lo que acá escribo. La gente dejó de leer blogs porque pasó a leer post y tuits. Esto quiere decir que pasamos de dejar de leer 2000 caracteres o más (hay blogueros que abusaban de la gente) a leer menos de 300. Por eso el blog ha muerto. Y hoy más que nada está enterrado y descompuesto.

Hay quienes creen que el problema es el medio, no la extensión. Que aún tiene sentido escribir en Facebook o en Instagram. Tuiter se convirtió en un lugar de ensayos académicos llamados “hilos” y no creo que la gente los lea completos. Sobrevive sobre la lógica Facebook: si me das “like” lo demás no me importa. En Facebook pasa esa misma ilusión (de hecho ellos la “crearon”): sentirse satisfecho porque acuno cien, mil, diez mil likes. Eso, realmente, fue lo que mató a los blog. Votar por una entrada y ponerle estrellitas, esa mierda no la ve sino el dueño del blog. En cambio si yo le doy like a cualquier mierda en Facebook o Tuiter, los demás (ecuación importante en esta operación) se darán cuenta y yo me sentiré orgullos de que mis “amigos” o “seguidores” ven a lo que le doy “me importa” o “me enfada”. ¿A qué le dio una u otra cosa? No importa. ¡No importa, puta vida! Y no importa porque voy a decir otra perogrullada dicha a gritos pero de la cual nadie cree:

YA

Nadie

LEE.

Así cierro este 2020 donde escribí  un par de pendejadas frenéticas por el encierro y luego no me dio gana de escribir nada hasta el día de hoy, aprovechando un poco de sol. Yo ya me había dado la respuesta a todo esto en una “ponencia” que presenté hace quizás 4 años: Escribimos para no ser leídos.

Al menos ese es mi caso.

Si el otro año me entra la gana escribiré algo acá, o algo en general. Si no, tampoco hará falta.

Sobrevivan.

No hay más que hacer.

Cementerio de blogueros.

Aforo de distancia

La última vez que estuve frente a un televisor más de dos horas canaleando, eso tuvo que suceder alrededor de 2005. Hoy, ante tanto vacío, volví a hacer lo mismo. No me van a creer lo que pasó. Continúa leyendo Aforo de distancia